viernes, 2 de noviembre de 2012

¡¡México!! ¡¡A las armas!!

¿Cuánta opresión es suficiente?
No es que únicamente la historia de la humanidad esté llena de este tipo de ejemplos. Lo preocupante es, que NUESTRA HISTORIA está llena de estos ejemplos.
¿Por qué México no despierta de su parsimonia?
Mucho se dirá acerca de que “Aquel pueblo que olvida su pasado está condenado a repetirlo”, pero el hecho es que aún ahora obedeciendo a la programación que se hiso en nosotros durante los años de la colonia española. Dejamos de ser el indio Guerrero, el indio que no le teme a la muerte, el indio que fue admirado por personajes como Hitler y Mussolini. ¿Cómo es que llegamos a este lastimoso estado? ¿Fue la religión? ¿Fue la civilización del Indio? ¿Fue el yugo imperialista?
¿O fue todo?

Consideremos el pasado, antes de la conquista española. Muchos años atrás recibimos la visita de un hombre barbado, al que los aztecas llamaron Uitzilopochtli, éste visitante era un mensajero de Dios, un representante de lo divino. ¿Llegó caminando? NO. Llegó acompañado de enormes guerreros barbados, ¿Qué les enseñó a los aztecas? Pues les enseñó un rito mediante el cual a través de la sangre, se obtiene la gracia de Dios.
Ahora bien, y especulando un poco. Algunos historiadores dicen que santo Tomás, después de recibir el fuego del Espíritu Santo, se dirigió al Norte, hacia tierras nórdicas, donde seguramente le informaron que había tierras a ultramar, las cuales estaban pobladas por barbaros sin Dios ni luz que los guiase. Así que emprendieron el viaje y recorrieron toda la costa, hasta llegar a Tierras Mayas.
Personalmente lo considera así por la similar fonética entre el Dios Odín, con el Dios Tajín de la cultura Totonaca, además de la similitud de la consideración de los árboles universales tanto escandinavo como maya.


Sin embargo, una vez “evangelizados”, los aztecas consideraron dentro de su propia cosmogonía que si “una copita de sangre” agrada a Dios, cuanto más le agradará “un baño de sangre” y de esta manera nace el indio sanguinario, pero con buena intensión.
Matar en aquellos días, era “pecata minuta”, era un pueblo misógino, similar a la cultura hindú o malaya.
De pronto, llegan los nuevos españoles (nuevos por que antes eran peor que los mismos aztecas), traen consigo una religión de sangre, pero de “mentiritas”, traen el dominio y el típico “copela o cuello”. Y para rematar, nos presentan la “aparición“  de La Virgen María, en le cerro del Tepeyac.
¿Qué sucede entonces? El hombre mexicano, el indio salvaje, se domestica ante la imagen de la madre de Dios, que es la madre de todos los mexicanos, y por lo tanto comienza la veneración de la mujer dentro del culto pueblerino mexicano. La madre nos dice que lo que dice la iglesia está bien, pues es lo correcto, la santa mujer educada para que eduque a sus hijos por el buen camino.


Así es como dejamos de ser guerreros, se nos prohibió pelear, pues antes la Calmecac nos enseñaba a descuartizar o a ser descuartizado con honor. Nos convertimos en ovejas.
Pero en estos últimos días, las cosas han cambiado. Algunas ovejas se han salido del redil ¿Qué fue lo que pasó? ¿Falló la educación? ¿Falló la iglesia? ¿Se metió el chamuco? Pues no, éste período de violencia obedece únicamente a la serie de procesos de liberación entre las diferentes corrientes ideológicas. La liberación femenina, la promulgación a nivel global de los derechos de todos, a todo, la intromisión de la iglesia en el capitalismo (olvidando aquello de que “al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”), la intolerancia hacia los que piensan diferente, visten diferente o son diferentes, todo eso creó células que se diferenciaron de diversas maneras, algunas como promotoras, otras como agresoras y finalmente y persiguiendo su identidad se crearon conductas violentas que despertaron la codicia y el envilecimiento de hombre y mujeres de diversas edades.


¿Cuál es entonces el camino a seguir?
Debemos formar nuestras propias células, debemos considerar seriamente el surgimiento de grupos como el “Huasteco”. Muchos son los que piensan en “conseguir” un arma para defensa de su casa o familia, pero eso es ilegal. Y hay personas de buena sepa que aún con esa ilegalidad, portan sus “espadas al cinto”.
La proliferación de armas en los Estados Unidos es discutible, pero en ese país, el crimen es individual y poco se ve de crimen organizado.
Debemos solicitar al gobierno que nos permita armarnos “La libertad es un árbol que se riega con la sangre de justos y villanos”
Debemos desear el volver a ser el indio guerrero, el  indio que “primero muerto, que asesinado”
Saludos.

J. M. Cabrera



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