¿Cuánta
opresión es suficiente?
No es que
únicamente la historia de la humanidad esté llena de este tipo de ejemplos. Lo
preocupante es, que NUESTRA HISTORIA está llena de estos ejemplos.
¿Por qué
México no despierta de su parsimonia?
Mucho se dirá
acerca de que “Aquel pueblo que olvida su pasado está condenado a repetirlo”,
pero el hecho es que aún ahora obedeciendo a la programación que se hiso en
nosotros durante los años de la colonia española. Dejamos de ser el indio
Guerrero, el indio que no le teme a la muerte, el indio que fue admirado por
personajes como Hitler y Mussolini. ¿Cómo es que llegamos a este lastimoso
estado? ¿Fue la religión? ¿Fue la civilización del Indio? ¿Fue el yugo
imperialista?
¿O fue todo?
Consideremos
el pasado, antes de la conquista española. Muchos años atrás recibimos la
visita de un hombre barbado, al que los aztecas llamaron Uitzilopochtli, éste
visitante era un mensajero de Dios, un representante de lo divino. ¿Llegó
caminando? NO. Llegó acompañado de enormes guerreros barbados, ¿Qué les enseñó
a los aztecas? Pues les enseñó un rito mediante el cual a través de la sangre,
se obtiene la gracia de Dios.
Ahora bien, y
especulando un poco. Algunos historiadores dicen que santo Tomás, después de
recibir el fuego del Espíritu Santo, se dirigió al Norte, hacia tierras nórdicas,
donde seguramente le informaron que había tierras a ultramar, las cuales
estaban pobladas por barbaros sin Dios ni luz que los guiase. Así que
emprendieron el viaje y recorrieron toda la costa, hasta llegar a Tierras
Mayas.
Personalmente
lo considera así por la similar fonética entre el Dios Odín, con el Dios Tajín
de la cultura Totonaca, además de la similitud de la consideración de los
árboles universales tanto escandinavo como maya.
Sin embargo,
una vez “evangelizados”, los aztecas consideraron dentro de su propia
cosmogonía que si “una copita de sangre” agrada a Dios, cuanto más le agradará
“un baño de sangre” y de esta manera nace el indio sanguinario, pero con buena
intensión.
Matar en aquellos
días, era “pecata minuta”, era un pueblo misógino, similar a la cultura hindú o
malaya.
De pronto,
llegan los nuevos españoles (nuevos por que antes eran peor que los mismos
aztecas), traen consigo una religión de sangre, pero de “mentiritas”, traen el
dominio y el típico “copela o cuello”. Y para rematar, nos presentan la
“aparición“ de La Virgen María, en le
cerro del Tepeyac.
¿Qué sucede
entonces? El hombre mexicano, el indio salvaje, se domestica ante la imagen de
la madre de Dios, que es la madre de todos los mexicanos, y por lo tanto
comienza la veneración de la mujer dentro del culto pueblerino mexicano. La
madre nos dice que lo que dice la iglesia está bien, pues es lo correcto, la
santa mujer educada para que eduque a sus hijos por el buen camino.
Así es como
dejamos de ser guerreros, se nos prohibió pelear, pues antes la Calmecac nos
enseñaba a descuartizar o a ser descuartizado con honor. Nos convertimos en
ovejas.
Pero en estos
últimos días, las cosas han cambiado. Algunas ovejas se han salido del redil
¿Qué fue lo que pasó? ¿Falló la educación? ¿Falló la iglesia? ¿Se metió el
chamuco? Pues no, éste período de violencia obedece únicamente a la serie de
procesos de liberación entre las diferentes corrientes ideológicas. La
liberación femenina, la promulgación a nivel global de los derechos de todos, a
todo, la intromisión de la iglesia en el capitalismo (olvidando aquello de que
“al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”), la intolerancia
hacia los que piensan diferente, visten diferente o son diferentes, todo eso
creó células que se diferenciaron de diversas maneras, algunas como promotoras,
otras como agresoras y finalmente y persiguiendo su identidad se crearon
conductas violentas que despertaron la codicia y el envilecimiento de hombre y
mujeres de diversas edades.
¿Cuál es
entonces el camino a seguir?
Debemos formar
nuestras propias células, debemos considerar seriamente el surgimiento de
grupos como el “Huasteco”. Muchos son los que piensan en “conseguir” un arma
para defensa de su casa o familia, pero eso es ilegal. Y hay personas de buena
sepa que aún con esa ilegalidad, portan sus “espadas al cinto”.
La
proliferación de armas en los Estados Unidos es discutible, pero en ese país,
el crimen es individual y poco se ve de crimen organizado.
Debemos
solicitar al gobierno que nos permita armarnos “La libertad es un árbol que se
riega con la sangre de justos y villanos”
Debemos desear
el volver a ser el indio guerrero, el
indio que “primero muerto, que asesinado”
Saludos.
J. M. Cabrera




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