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viernes, 8 de junio de 2012

Lo que México necesita

México, es este país al que tanto amo.
Y sin embargo, me trata mal, me habla golpeado y me niega el respeto que me merezco, por ser quien lo mantiene.
¿Qué es lo que necesita éste país para ser aquel por el cual mi pecho hinche de orgullo?
Pues necesita de mexicanos que no tengan miedo de regañarlo y que se aboquen a educarlo y a enfrentarlo en cuanto comience a abandonar el redil.
Se necesita de personas comprometidas que salgan desde la cuna del pueblo con la intención real de llevar a este país hacia el futuro, sin importar el famoso “costo político”.
Es necesario reconsiderar la importancia innegable del magisterio dentro de la educación, comenzando con ellos mismos, deben entender que su preparación debe ser constante, basta de que los jóvenes deseen ser maestros solo porque trabajan 200 días al año. Y si no lo entienden, se podría abrir una nueva rama militar, sin intención de crear pequeños soldados, podría usarse algo del recurso militar de éste país para apoyar el rezago educativo, por medio de profesores de primaria y secundaria de origen militar; no es ajeno para muchos los niveles de excelencia de los médicos militares ¿Por qué no perseguir estos niveles dentro de una enseñanza pedagógica militar?
La tecnología es otro rubro desaprovechado, se habla de dar computadoras a los jóvenes, pero, particularmente creo que sería mejor desarrollar programas gratuitos dentro del país, a los que se accesaría únicamente con un CURP o con un RFC, para el caso de empresas que deseen beneficiarse de algún programa para impulsar su desarrollo, con esto se acabaría la piratería y el dominio de compañías transnacionales que reclaman el uso inadecuado de software, además de que el ahorro sería enorme, ya que tan solo por uso de programas comerciales dentro de las oficinas gubernamentales se pagan cantidades abrumadoras.



Una de las medidas más efectivas contra el narcotráfico y el uso de estupefacientes, es la educación, y de manera más directa, la motivación de los jóvenes que pasan a la adultez, así, considero que se debería aprovechar el concepto de “Servicio Militar” obligatorio y convertirlo en lo que realmente es, combinando el período de preparatoria con el primero, de ésta manera sería considerado el servicio militar como una materia dentro de la educación media superior, e incluir tanto a hombres como mujeres, además de que sería necesario desarrollar un programa para que el servicio sea atractivo para los jóvenes y jovencitas, incluyendo adiestramiento en actividades útiles a la sociedad, como primeros auxilios, enfermería, búsqueda y rescate, supervivencia, e incluso albañilería, fontanería, electricidad, pintura o soldadura, el caso es que actualmente presentarse al servicio militar es perder el tiempo, es inútil en el aprendizaje tanto de valores como de técnicas, llegando a ser un sitio donde la corrupción impera y eso desmoraliza a los jóvenes.
Hay que apoyar al campo, y escuchar esto de la boca de un político es una bofetada al agro mexicano, decir que el campo necesita mayores oportunidades es tratar de vender la fórmula del hilo negro. El campo necesita apoyo para que florezca, pero, eso no se logrará tan solo dando dinero y tractores a los campesinos pobres y acostumbrados a malgastar o empeñar lo que se les regala, es necesario que se permita que el sector privado entre al campo con oportunidades de desarrollo, asesoramiento y apoyo para el manejo de su producción. No será la primera vez que se eche a andar un proyecto y una vez teniendo lista la producción resulta que no hay comprador o que éste se encuentra al otro lado del país y logísticamente se hace incosteable la venta del producto, llevando a la ruina un gran esfuerzo y mucha dedicación.



Pemex, es un artículo de lujo, que nos cuesta muy caro, y aunque es la credencial con la que se representa la soberanía nacional y produce mucho, lo hace a un alto costo, dejando una ganancia muy baja, es necesario considerar: si sigue siendo conveniente el tener a este gigante sobre nuestras costillas. Éste país es suficientemente rico como para poder desarrollar una economía sin necesidad del petróleo, pero la vida cómoda nos lleva a requerirlo. El gobierno debería, para garantizar el futuro de éste país, dejar de tomar el capital petrolero y mantenerlo sin uso, procurando sobrevivir únicamente con los ingresos provenientes de los impuestos (que también son enormes) y demás negocitos que hay por ahí, de esta manera la economía se estabilizaría y se llegaría a un nivel alto de desarrollo, ya que contaríamos con el respaldo económico de un gran capital ahorrado por la industria petrolera. El caso está en que sería necesario evitar el saqueo por parte de sindicatos, líderes, empresas y de las mismas secretarías, para que esto se vea.
La Comisión Federal de Electricidad, es una entidad que no permite el desarrollo particular en la producción de energía eléctrica, ya que el poder de sus sindicatos vigilan que nadie se atreva a proveerse de ésta, ya que eso contrapone sus intereses. Aún ahora con todos los adelantos en el desarrollo de la producción eléctrica, sería posible que personas comunes pudieran crear sus propias plantas de luz, pero ésto no está permitido ya que en cualquier momento serías puesto en vigilancia con el pretexto de que podrías vender tus excedentes a terceros y ésto es más penado que el fraude o el robo con cuello blanco.
Los sindicatos son un mal necesario (dicen muchos), pero debería haber una medida dentro de las exigencias de éstos, ya que su poder beneficia la pereza de sus agremiados por una pequeña "mordidita" a sus cheques, perjudicando al resto del país, con paros, marchas y manifestaciones en pro de un derecho supuesta mente vulnerado.
Qué necesita éste país para ser un país feliz. Pues básicamente, que se cobrara un solo impuesto, los empleados y trabajadores a los que se les quita un 30 % de su salario, deberían estar exentos del pago de luz, agua, predial e incluso de la televisión por cable. De la misma manera, los estudiantes, jubilados y personas que por sus actividades altruistas o religiosas no perciben salario o sueldo alguno puedan vivir con decoro sin sufrir cada fin de mes la llegada de los recibos correspondientes, y de la misma manera todos aquellos que se apeguen al pago de sus impuestos correspondientes, podrían vivir sin cargos extras, tan solo con el concebido impuesto único. ¿Será esto posible? Claro que si, el problema es que hay mucho dinero que no está bajo el control del fisco o de las dependencias y termina por hacerse humo en las carteras de ratas aprovechadas.



México puede salir adelante, lo único que se necesita es que los que son capaces de ayudar a  hacerlo, simplemente lo hagan. Muchos excusarán la falta de tiempo, la falta de dinero o la falta de conocimiento, pero si esos son tres limitantes, entonces sería posible que tres personas con esas tres capacidades puedan llevar a cabo ese proyecto.
Nuestros gobernantes deben dejar de auto patrocinarse con promesas que solo serán piedras atadas al cuello en un futuro o que los señala por su nula participación en el pasado. ¿Vales de medicina gratis? Que no es obligación del ISSSTE o del IMSS, proveerlos, para que propagandear algo que debería ser obligación, ¿No mas cuotas? Que la educación no es gratuita en este país, si el gobierno no es capaz de mantener una escuela, ¿Para que las construye?.
Debemos ser precursores del cambio. Si no jalamos todos parejos, nos va a llevar el tren a todos, nada más de que será a los más pobres primero y luego a los demás.
Un saludo afectuoso.
JM Cabrera.




sábado, 10 de marzo de 2012

EL HOMBRE SOLO

La lluvia ha dejado de caer; se alcanza a escuchar el intermitente sonido de las gotas que escurren de los árboles y tejados empapados.
Un aire frío corre por las calles, colándose por las rendijas y los agujeros mal tapados de las paredes de tablas deterioradas por los años.
Amanece.
Dentro de su cama el anciano sabe que va siendo hora de ponerse en pie. Afuera un antiguo farol ilumina con luz mortecina la penumbra que comienza a retirarse.
El cielo comienza a vislumbrar la luz del sol que tras las montañas avanza inexorablemente.
La calle, empedrada y dispareja, luce brillosa por la humedad. En sus extremos corren pequeños hilos de agua que, silenciosamente buscan la parte baja del pueblo.
El viejo se sienta en la orilla de su camastro, rasca las llagas dejadas por parásitos que se alimentaron de su sangre durante la noche. Su larga melena y su barba alborotada y encanecida, lo colocan en una nicho social olvidado. Mira sus pies huesudos y observa el color amarillo de sus uñas hace ya muchos años invadidas por los hongos.
Tose un par de veces. Se incorpora, descalzo da unos pasos sosteniendo con la mano izquierda la cobija con la que se tapara durante la noche, se detiene y voltea hacia la cama.
- ¿Saldrás de una vez?
Debajo de la cama emerge un viejo perro de mediano tamaño, mira al hombre con respeto, se estira y se sacude el frío de la noche.
El senil hombre rasca su cadera.
- Tus pulgas no me dejaron dormir bien.
Se acerca a una improvisada estufa hecha con una cubeta de lámina, sopla a las brazas que se animan con el aliento de vida. Coloca algunas astillas de madera y un viejo cuenco de peltre con agua sobre éstas.
- Ahorita está la sopa.
Se dirige hacia una silla junto a la cama, colocando sobre ésta la ropa del día. Toma sus botas de debajo de la cama y las escupe en le empeine tallándolas después con un vetusto trapo sucio.
El viejo se viste, afuera el día ya es inminente, algunos faroles comienzan a apagarse, la montaña se rebordea con la luz del amanecer, ya no se escuchan más gotas de agua caer, pero el canto de los gallos reverbera en todo el pequeño pueblo.
Dentro del pocillo, el agua hierve, una mano vieja, de uñas resecas colocan un pedazo de piloncillo, canela y avena.
El viejo se peina con un cepillo que tiene tantos dientes como su dueño, un pedazo de espejo refleja un rostro surcado por arrugas y cicatrices de peleas, hace mucho tiempo enfrentadas.
La lata hierve su contenido, el perro, desde el suelo la mira relamiéndose y moviendo la cola. Con un trapo es retirada del fuego y servido en dos platos colocados en una tabla anexa al fogón. El viejo mira al animalito.
- Espera a que se enfríe o se te caerán los dientes.
Junto a la piesera de la cama, hay una mesita, el hombre toma un cuaderno sobre ésta y lo coloca en la cama; lo abre y comienza a observar la lista de nombres en él, lo cierra y mira al perro.
- Solo nos quedan veinticinco.
Toma los platos y le ofrece uno al perro que sin demora comienza a alimentarse, mientras el viejo toma una cuchara de plástico reutilizada ya muchas veces.
- Un desayuno de campeones.
Mira hacia una de las paredes y un calendario señala la fecha actual, remarcada con color rojo, un brillo humedo se ve en sus ojos.
El sol se alcanza a ver tras la montaña, sus rayos llegan a las primeras casitas del pueblo y se puede ver el avance en la sombra que recorre las calles. Algunos niños que se dirigen ya a la escuela corren tratando de dar alcance a la línea de luz, sin lograrlo.
La puerta de la casita se abre, el viejo sale, camisa y pantalón limpios, cinturón fajado, chamarra de pana, botas negras y sombrero de ante gris; camina apoyado de un bastón de antiguo porte.
Por las calles todos lo saludan y él levanta la mano en respuesta a la cortesía.
Da vuelta a la esquina y se enfila hacia la escuela. Varios niños lo miran y comienzan a gritar corriendo por todos lados.
- ¡Ya viene el maestro!
El hombre se dirige hacia el salón de clases, en los antiguos pupitres se colocan los niños dispersos, él observa al grupo.
- ¿Dónde está Raúl?
Uno de los niños levanta la mano.
- Su papá lo llevó a la cosecha de café.
El viejo toma su cuaderno y coloca una marca en ella.
- Veinticuatro.
Afuera el perro mordisquea un hueso que uno de los niños le ha regalado; durante el recreo los niños juegan y el viejo se sienta en una silla, come un tamal que le ha sido enviado por la mamá de uno de sus alumnos. Mira la montaña; el sol ya se acerca al zenit y la ilumina. De la bolsa de su camisa extrae un sobre con el emblema de la Secretaría de Educación. Dentro una hoja titula el asunto.
“Notificación de jubilación”
El perro descansa a su lado los pocos años que le quedan.
- ¿Quién será el nuevo maestro?
Mira a los pequeños que corren por todos lados tras un viejo balón o unos tras de otros.
Unos pasos presurosos traen a una señora de adusto aspecto que se coloca tras él.
- Profesor, llegó su suplente.
El hombre baja la cabeza y añade.
- Gracias. En un momento voy.
La mujer se retira, el hombre mira la montaña y a los niños corriendo de aquí para allá; se incorpora y se dirige a la dirección. Mañana, será un hombre sin un fin, ya no será un maestro, será un hombre solo.
J. M. Cabrera